Princesas de dulzura

       

Tiernos deseos de fantasía, en los inviernos afanosos estallan en los espejos embrujados que reflejan tu rostro. Cálidas primaveras entre flores animadas, como una llama prendida por la fiebre floreces entre verdes jardines de orquídeas carmesí.
En las noches calurosas de verano te busco encendido por el perfume de tu piel, y bebo el excitante aroma de tu pelo acariciando tu cara debajo de la nocturna marejada,
En la cumbre de la vida danzas sobre el menguante de la luna, cubriéndote del fervor eterno del rizo dorado de tu pelo rubio que golpea fuertemente el viento cuando el sol se pone sobre la mar excitada.

Como una reina de la nieve, de alta nobleza distinguida, tu elegante vestimenta tapiza la piel de tu cuerpo rodeado de hermosas y frescas flores.
Cuando el sol se pone sobre la cumbre de tu moldura, las ovaciones cruzan por encima del lago, estremeciendo al viento que sopla sobre tus cristalinos ojos.

Como si esto fuera un sueño, mi oscura vestimenta arropa mis alas de plata, heridas y maltratadas, mientras la luna pálidamente se consumía con ellas. Pero cuando en las sombras firmemente prendida a tu corona bailabas alegremente tu ballet, como si eso fuera tu deseo, ya casi moribundo probé el néctar de la dulzura de tus labios, y mis heridas maltratadas sofocadas por el perfume de tu piel con los himnos de las sombras se truecan en dorados brillos de una estrella.

Seductora niña de la noche, concédeme el deseo de beber el cáliz de tus turbaciones, saciarme con la visión de tu cuerpo, y como un Ángel de vida taciturna poder ascender al lucero que brilla en el cielo de tus ojos.
Tu exquisito cuerpo de mujer desnuda en las tinieblas eclipsa los corales de los arrecifes plateados por la luna. Mis manos rondadas por dos hermosas flores se abrazan a tu santuario cuando la noche cae, y el influjo nocturno sobre tus labios dejan a mi alma sin aliento cuando siento en mi boca sedienta el dulce sabor de tus besos.

Ahora tu danzas sobre el bruñido jardín en sesiones que empiezan cuando la noche se hunde tras el albor de la madrugada, danzas mientras tu sonrisa congela mis alas desplegadas, bailas sin parar con tus dorados cabellos rozando el viento, entre notas gozosas que nacen del borde de tus labios a la orilla del océano.

La fortaleza nocturna te llama en la noche con antiguas escenografías que despiertan el impulso de tu naturaleza, y entre acordes de imaginarias guitarras bailas sin freno entre matices que dejan sin aliento al unicornio en la charca.

Ahora tus márgenes han velado todo abismo interno exiliando la tristeza y trocando un corazón melancólico y exhausto en un espíritu pegado al jardín encendido por el perfume de tu piel.
Los pájaros respiran tu aliento y riegan tu rostro con flores entre orquídeas limpias y jardines carmesíes.

Sin ningún tipo de reproche el unicornio en el lago, tirado y relajado sobre aquél bosque privilegiado se cuestiona ¿Por qué tus labios derriten a quien besas?, ¿Por qué tus cálidas manos dejan sin aliento a quien acaricias?

Son solo misterios tentadores escritos en antiguas leyendas, que despiertan la dulzura de tu interior al oír las notas doradas del sonido de un violín frente a la orilla del mar, donde un torrente de luz por el imperio de tus pies ha de pasar.

Siente ante ti el abrazo de la noche, acepta la vida en tu imperio eterno, deja que tu sentido agudo despierte al unicornio herido, que por tus venas corre el valor como una corriente viva en la espera del amor.
Y ahora tu; dulce niña de la mañana, princesa del viento y la marejada, has sido cubierta de nobles estrellas por la noche, como una luz recorres el cielo que se desliza por la cascada, con tu velo dorado recoges el lirio somnoliento en medio del lago. De tus manos sagradas brota el aura como un fulgor que purifica el aire, y vence la muerte del unicornio en la charca, que florece a la supremacía de la vida como una rosa, como un misterio nocturno entre las ninfas que bañan su cuerpo desnudo en la espuma blanca de la charca.

Tus secretos se atesoran apasionadamente en tu velo dorado, como antiguas leyendas manuscritas en la mística estática de las sombras.
En la noche la luna plateada vuelve con los himnos de las olas, bajo un cielo diáfano y templado, mientras la brisa envuelve tu cuerpo desnudo en medio del lago. Pero los secretos de la luna siguen escondidos en tu mente clara y transparente, mientras tú bailas la danza nocturna sobre el castillo donde las adivinadoras te miran celosamente a ti mi amada princesa. Una mirada de respeto, una mirada de envidia… Un deseo de amor retenido para ti mi amada, cuyos labios rojos yo tanto deseaba. Un delirio furtivo…un deseo echo realidad mi dulce princesa, cuyos labios húmedos aun yo tanto deseo.

Aun los Ángeles alados te miran con seducción, tu belleza divina los ha cegado, pero siguen mirando tu destello desde aquél reino prodigioso de un ser llamado Dios. Y la diosa de Venus baña tu cuerpo desnudo y perfumado con la fragancia de hermosas flores, en la luz que derrama la antorcha del amor.
Así tu mi amada princesa, acolchada con el velo de la Luna, suspiras su bruma en la noche que nace del Otoño, bajo la mística niebla de noviembre que huye del mar como un rumor lejano explorando el horizonte.
La vida ronda sobre tu cuerpo, hermoso y perfecto como el unicornio blanco que nace del lago. Tu llama blanca ilumina todo el camino, y se pierde en el aire por encima del lago. Con tus ojos penetrantes, profundos como la cresta del cielo, brillantes como luces de estrellas, y tu cuerpo desnudo bailando sobre ellas, acaricias el aliento del unicornio blanco que zarpa del lago.

El arte que ocultas tras esas sedas provoca un delirio cristalino, una fantasía erótica en aquél castillo prohibido rodeado de antorchas, cuya llama iluminan el camino cubierto de orquídeas limpias que suplican que la joya de tu pie las acaricie.

Como aves volando por el paisaje hermoso, como una ninfa tratando de escapar de las garras del mal, tus valores han sabido como enfrentar la melancolía, y canjear las nostálgicas notas del violín por brillos dorados de una estrella.
Pero las estrellas no saben que detrás de toda elegancia y distinción esta una mujer… Una mujer cuya vestimenta encierra el arte de su elegante cultura. Mujer que encierra los secretos manifiestos de la mística del Sol y la Luna.
OH, Dulce Doncella, princesa de la dulzura, dama del viento y la marejada ¿Qué es lo que llevan esas vestimentas? ¿Qué es lo que callas detrás de ellas? Princesa de la noche dime tus secretos y podré besar tus labios suavemente hasta que sientas que subes al cielo, hasta quedarme fundido con tu aliento.
Dime princesa ¿Dónde ha quedado la impotencia que embargaba tu corazón?, quizá se perdió aquella noche, sentada sola en aquella silla del castillo, tu cara marcaba la tristeza que tenias, mientras que sobre ti estaba la Luna y con ella envolvía tu bruma iluminando tu blanca piel, y tus ojos color esmeralda se fijaron en un galán invisible, en un observador de las sombras que contigo tropezó una noche estrellada bajo el canto de la Luna.

 

Escrito por Aguila nocturna

 

 

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